viernes, 6 de mayo de 2011

NACE LA FLOR


Cuando en la mañana del 9 de mayo de 1920 Acacia Manduley Alsina, madre de Celia, se sintió de parto, los pequeños fueron enviados para una casa vecina.
A su retorno encontraron a una niña de nueve libras y 12 onzas.
Registrábase así el nacimiento en Media Luna, de Celia Sánchez Manduley.
Fue educada como el resto de sus hermanos sin convencionalismos, prejuicios ni rigideces, y en la cual tuvieron mucho que ver la personalidad de su padre Manuel Sánchez, hombre de ideas avanzadas y el carácter de su madre, siempre alegre y cordial.
Celia fue una niña hermosa. Las fotos de la infancia descubren a una pequeña de bello rostro; tez blanca, óvalo más bien redondeado y hermosos ojos negros.
Gozó de buena salud, el único percance que cuenta de esta época fue llevarse a la boca el bulbo de una muestra farmacéutica que su padre le había entregado para jugar. La traviesa niña, tratando de quitarle la etiqueta, ingirió el envase que debió ser sacado a fuerza de infusiones.
Cuanto nubarrón caía sobre Media Luna la hacía correr por el patio o la calle para gozar los placeres de la lluvia.
Ni rayos ni truenos, gϋijes o cocos, animales o fantasmas u otra clase de fenómenos que amedrentan a los niños, tuvieron su impacto en Celia.
De su padre adquirió la fortaleza de carácter, la tenacidad la pureza de intenciones; la sensibilidad patriótica y política que supo poner a disposición de la revolución triunfante el primero de enero de 1959.

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